Inicio » Uncategorized » La Estadidad Keynesiana: una crítica de economía política

La Estadidad Keynesiana: una crítica de economía política

Por: Heriberto Martínez Otero, JD, MA

Un amplio sector de todas las clases sociales en Puerto Rico se ha manifestado a favor de que Puerto Rico se convierta en el estado cincuenta y uno (51) de los Estados Unidos. En los plebiscitos celebrados en 1967, 1993, 1998 y 2012, los defensores de la estadidad han fallado en convencer al Congreso federal acerca de que una amplia mayoría de los puertorriqueños prefieren la anexión sobre el modelo territorial actual o sobre algunas de las modalidades de soberanía. En esta ocasión, aprovechando una coyuntura en la cual la economía de Puerto Rico se encuentra en una depresión económica que supera la década, los promotores de la anexión han desarrollado una campaña con fuerte matiz keynesiano, en la cual aseguran que con su propuesta, la crisis local acabaría porque recibiríamos más de diez mil millones de dólares ($10,000,000,000) en fondos federales a los que tendríamos derecho. En otras palabras, la estadidad implicaría un aumento en el gasto público estadounidense (presupuesto federal) para sufragar el aumento en los costos que conlleva el cambio de un modelo territorial a uno de estado federal. Si aceptamos la premisa como correcta, la pregunta que ahora se debe responder es: ¿quién paga por ese dinero al que Puerto Rico tendría derecho? Analicemos.

              El keynesianismo clásico es una escuela de pensamiento la cual establece que en el corto plazo, el estado debe intervenir en la economía a través de la política fiscal y política monetaria para moderar los ciclos económicos. Si la economía crece demasiado, el estado debe aumentar impuestos, reducir gasto público, y subir tasas de interés; mientras que si la economía se contrae, el estado debe bajar tasas de interés, bajar impuestos y aumentar el gasto público. Esta escuela de pensamiento quedó en desuso luego de que en la década de los 70, el shock petrolero tuviera como consecuencia el fenómeno del “stagflation”, en el cual se manifestaron simultáneamente alta inflación y contracción económica. En la actualidad, existen actualizaciones del pensamiento keynesiano en escuelas de pensamiento como los “Poskeynesianos” y los “Nuevos Keynesianos”, las cuales tienen similitudes ontológicas y epistemológicas, pero difieren en la metodología y en su acercamiento a la política pública en temas como la incertidumbre en el largo plazo (postkeynesian economics), o la aceptación de la existencia del “equilibrio general” (new keynesians). A pesar del desuso, el sector que promueve la anexión en Puerto Rico se ha hecho eco de las propuestas del keynesianismo más tradicional, el cual busca aumentar gasto público con el propósito de reactivar la economía, lo cual puede sonar completamente lógico, pero tiene inconsistencias muy notables.

              En economía, cada vez que se va a hacer una propuesta de gasto, se tiene que acompañar con una propuesta de financiamiento. La propuesta es que con la anexión, Puerto Rico recibirá más de $10mil millones de dólares. Ese dinero debe salir de alguna partida de ingresos, de las cuales podemos describir cinco. La primera es que el Gobierno de los Estados Unidos imprima papel moneda por valor de la cantidad que el nuevo estado (nosotros) tenga derecho a recibir.  Esta acción deberá estar respaldada por un trámites burocráticos y por un análisis sobre el impacto que tiene la impresión de moneda sobre la inflación, la cual pagamos todos los agentes económicos como coste por imprimir moneda que no esté respaldada por productividad. La segunda opción es que el gobierno federal recorte en otras partidas presupuestarias para redirigir dinero al nuevo estado. Esto implica que cincuenta estados van a tener acceso a menos dinero federal, para que PR pueda recibir el aumento en sus partidas de fondos correspondientes. La tercera opción es imponer nuevas contribuciones sobre los residentes de los 51 estados para financiar el aumento en el gasto público federal en nuestro País (el cual ya sería estado). La cuarta opción es que el gobierno federal genere un déficit por cuenta corriente el cual pueda corregir emitiendo deuda (la cual ya representa el 100% del PIB de EEUU). La quinta opción sería una combinación de las opciones dos, tres y cuatro. Todos estos esquemas sirven para reflejar que el costo por anexión tiene impacto directo sobre la política fiscal en EEUU, tanto por el lado del gasto público como por el lado de las contribuciones (ingresos). Una última opción sería que los fondos federales asignados al nuevo estado fueran igual a la partida recogida por el pago de contribuciones al interior de la jurisdicción. Esta opción no está incluida en la discusión debido a que en Puerto Rico no parece posible aumentar más la carga contributiva a trabajadores, profesionales y empresas para recaudar $10mil millones de dólares adicionales. Además, no hace falta un cambio de status para aumentar impuestos y gasto público al interior de una jurisdicción local.

              Esta discusión nos lleva a la centralidad del debate en donde el sector que promueve la estadidad para Puerto Rico debe contestar varias preguntas fundamentales: ¿quién debe pagar por el aumento del gasto público federal? ¿quiénes en Puerto Rico deben pagar más impuestos y quiénes se beneficiarían de los fondos federales? ¿Están los agentes económicos locales preparados para una reforma tributaria que incluya impuestos federales? ¿Los impuestos federales que los puertorriqueños pagaríamos serían suficientes para que el gasto federal en PR no sean un subsidio de los demás estados a nuestra jurisdicción? Finalmente, lo importante de esta discusión es exigir consistencia. El gobierno de turno promueve una idea de estadidad keynesiana donde el gasto público federal es esencial para la existencia material de muchos sectores en Puerto Rico, mientras que a nivel local aplican políticas de austeridad de corte neoliberal a la Universidad, educación, salud y nómina. Estas acciones de política pública local nos deben llevar a concluir que los promotores de la estadidad keynesiana serían los primeros en favorecer los recortes al gasto público federal, lo que llevaría a un modelo que perpetúa la pobreza y el aumento de la desigualdad. Por lo tanto, promover la estadidad como opción de status sin contestar las preguntas fundamentales de naturaleza económica y aplicar políticas públicas austeras, contrarias a las que se exigen a nivel federal, puede caer bajo el marco del peor de los populismos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: