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Ante el 2017: Hay Alternativas a la Austeridad

 

Por la Asociación Puertorriqueña de Economía Política  (Publicado originalmente en Claridad)

 

El fin del 2016 no trae buenas noticias para los trabajadores/as y los jubilados/as. El gobierno reconoce que la deuda no se puede pagar, y sus reclamos al Congreso de EEUU pidiendo algún mecanismo para reestructurar nuestra deuda resultaron en la imposición de una Junta de Control Fiscal; es decir, la colonia de 1900 glorificada. Se creó la Comisión de Auditoría, y a pesar de que sus informes preliminares apuntaban a que cerca de la mitad de la deuda podría ser inconstitucional, el Departamento de Hacienda aún no desembolsa los fondos necesarios para que dicha comisión complete ese análisis. Según las estadísticas más recientes de la Junta de Planificación, nuestra economía ha continuado su caída, con un decrecimiento de 0.55% del 2014 al 2015. La economía se ha contraído un 14.12% desde que comenzó la crisis en el 2006. El número de personas empleadas volvió a caer un 0.9%. Desde el comienzo de la crisis el empleo ha bajado un total de 21.5%. En otras palabras, desde el 2006, cerca de 270,000 personas han perdido su empleo, se han rendido en su búsqueda de empleo, o han emigrado fuera de la isla. Desde el 2009, nuestro desempleo ha permanecido a no menos de 13% (a modo de contraste, el desempleo en EEUU es actualmente de 4.9%, y en Mississippi, el estado más pobre, es de 6.6%).

 

Lo interesante es que la productividad del obrero(a) puertorriqueño(a) aumentó 0.87% de 2014 a 2015, y ha aumentado 18.23% desde el 2006. La productividad se calcula dividiendo el Producto Interno Bruto (PIB) real entre el empleo total. Ambos, PIB real y empleo total se han reducido durante los últimos años, pero el empleo total se ha reducido a una tasa mayor. En otras palabras, desde que comenzó la crisis hasta el presente, cada trabajador y trabajadora en promedio produce más respecto a años anteriores. ¿Cómo uno explica que durante la crisis los trabajadores y las trabajadoras producen más? Sencillo, los patronos nos exprimen más.

 

Aún más interesante es la implicación  para la distribución de los ingresos. Según la economía tradicional, lo que se le paga a los trabajadores y trabajadoras se determina por cuán productivos sean. Si están siendo más productivos, deben estar ganando más. Sin embargo, la compensación a empleados(as) cayó un 1.8% durante el último año, y desde el 2006 ha caído un 4.56%. Los salarios y jornales también se han reducido un 4.6% desde el 2006. Mientras tanto, los ingresos de propietarios han aumentado un 31.25% desde el 2006.  Por tanto, no nos debe sorprender que, según la Oficina del Censo, la desigualdad (el coeficiente GINI) aumentó 1.5% de 2006 a 2015, posicionando a Puerto Rico como uno de los países más desiguales del mundo. En otras palabras, la crisis no la hemos sufrido igual. Hay un sector adinerado de puertorriqueños cuyos ingresos han aumentado durante la crisis, en gran medida porque exprimen aún más la clase obrera o de algún modo se benefician de ese proceso. Por tanto, para la mayoría de la población trabajadora, la situación empeora y las opciones son la precariedad o la emigración.

 

Esta situación no es meramente pasajera. No son solo años de vacas flacas que preceden años de vacas gordas. Estamos viviendo el colapso de un modelo de desarrollo particular, sobre-orientado hacia fuera, y sobre-dependiente de la herramienta de exenciones contributivas al capital. El carro nos venía dando señales de que estaba mal desde los 70s (diría que el ‘check engine’ esta prendido desde los 60s), y ahora nos dejó a pie.

 

¿Qué podemos esperar del 2017? La prioridad para la Junta de Control Fiscal y la nueva administración gubernamental perteneciente al Partido Nuevo Progresista (PNP) es cuadrar la caja en el gobierno. La nueva administración (PNP) ha mostrado hasta este momento en sus comentarios que aparenta ser un sello de goma ante la Junta, por lo que no estará velando ni luchando por las necesidades del pueblo. Esto implica recortes y austeridad. Todo el mundo tiene claro que esto será un golpe a nuestra ya colapsada economía. Pero para aquellos adinerados, propietarios o vinculados al gran capital (local o foráneo), es un golpe que ellos no van a sentir. Somos el resto de nosotros y nosotras, a los que nos imponen la pobreza y/o el exilio, los que sentiremos el golpe. Nuestra consigna para este nuevo año debe ser: ¡Hay alternativas a la austeridad! Necesitamos agruparnos tras una plataforma alternativa, fundamentada sobre la recuperación económica. Podemos señalar alternativas para aumentar los recaudos que no sean los impuestos al consumo, elaborar una reforma contributiva progresiva, insistir en auditar la deuda, determinar no pagar la deuda que se determine como ilegal e ilegítima, lograr crecimiento con equidad. Herramientas nos sobran, desde el cooperativismo hasta las corporaciones especiales propiedad de trabajadores/as. La peor lucha es la que no se hace.

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