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Bernie Sanders y la definición de socialismo

Por Ricardo R. Fuentes-Ramírez

Publicado en Claridad 28 de febrero de 2016

El precandidato presidencial estadounidense Bernie Sanders ha causado revuelo al denominarse como “socialista democrático.” Ha instado a muchos y muchas a dialogar sobre lo que es, o no es, el socialismo. El problema es que “socialismo” es una palabra con muchas definiciones. A continuación sólo algunas de ellas:

Socialismo

1. Etapa de transición entre el capitalismo y el comunismo (definición marxista tradicional).

2. Sistema económico basado en la propiedad estatal de los recursos económicos del país y la planificación central (como fue practicado en la antigua Unión Soviética).

3. Sistema económico caracterizado por la planificación democrática, en lugar del mercado, como el mecanismo primordial para la asignación de recursos, mediante control obrero a nivel de empresa y democracia participativa a nivel de país (ver los trabajos de economistas como Michael Albert, Robin Hahnel, y David Laibman).

4. Sistema económico caracterizado por control obrero a nivel de empresa, y la ausencia de explotación, es decir, la apropiación del trabajo de una clase dominada por una clase dominante (ver los trabajos de los economistas Richard Wolff y Stephen Resnick).

5. Sistema económico caracterizado por un nivel alto de intervención gubernamental en la economía capitalista, mediante impuestos muy progresivos y al asegurar el acceso a servicios como salud y educación, gratuitos y de calidad (también conocido como “socialdemocracia”, y se asocia mayormente al llamado “modelo nórdico” en Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega y Suecia).

6. Cualquier instancia de provisión de bienes y servicios por el Estado (por ejemplo, el cineasta estadounidense Michael Moore sugiere en algunos de sus documentales que hasta el correo federal o los bomberos son una institución socialista en el presente).

La candidatura de Sanders ha desencadenado una serie de artículos y videos a través de las redes sociales, cada uno partiendo de una de estas definiciones, y planteándola como lo que “verdaderamente” significa “socialismo.” Además, como ha señalado en ocasiones Noam Chomsky, vivimos con el rezago de las dos maquinarias de propaganda más grandes del mundo, la soviética y la estadounidense, insistiendo en la segunda definición (en el caso de EEUU, asociando el concepto además con dictadura y totalitarismo, y en el caso de la URSS con la idea de que habían logrado la utopía comunista). En el caso de Sanders, se adhiere a la quinta definición en nuestro listado. Muchos de sus seguidores usan la palabra refiriéndose a la sexta definición. Tomando en cuenta la tradición teórica y práctica en la que se desarrolla el concepto “socialismo”, sí creo que podemos identificar una definición apropiada del concepto (en mi opinión, alguna combinación de las definiciones 1, 3 y 4). Sin embargo, de nada vale que entre académicos y/o cuadros políticos tengamos claro cuál es la definición “correcta”, si en última instancia se siguen utilizando popularmente todas estas definiciones simultáneamente. Como es de esperar, el diálogo se vuelve uno bastante confuso, y en última instancia poco productivo. ¿Es prioridad convencer a los seguidores de Sanders de que están usando la palabra “socialismo” mal? Más allá del buen o mal uso de la palabra, ¿qué de su propuesta? A continuación entonces, un breve análisis sin usar la palabra “socialismo”.

Sanders aspira a un capitalismo regulado, caracterizado por un nivel alto de intervención gubernamental en la economía capitalista, mediante impuestos muy progresivos y al asegurar el acceso a servicios como salud y educación, gratuitos y de calidad, como un derecho básico. Este modelo se ha aplicado de manera relativamente exitosa en los países nórdicos (Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega y Suecia). Por un lado, estos países han logrado consistentemente estar en las primeras posiciones de la mayoría de los indicadores de desarrollo económico y humano. Son los países más equitativos, más educados, más saludables, en general con mejor calidad de vida, e incluso con mayor equidad de género (esto último según el Índice de Desigualdad de Género de la ONU).

Por otro lado, aun siguen vulnerables a las crisis recurrentes del capitalismo. Es inevitable, ya que el capitalismo (sea neoliberal o regulado) tiene en su interior una serie de procesos que lo hacen siempre tender hacia las crisis. Hay crisis de sobreproducción, de acceso a crédito, de ganancias decrecientes, y muchas otras. Si no es una tendencia de crisis, será otra, pero el capitalismo siempre tenderá a crisis. Las grandes empresas aspiran a maximizar ganancias con la menor intervención posible, así que siempre aprovechan los espacios que les proveen las crisis para luchar por volver al capitalismo neoliberal. En muchos países europeos, que anteriormente se asemejaban más al modelo nórdico que al modelo neoliberal estadounidense, la derecha política y las grandes empresas han ganado la batalla. En los países nórdicos, la derecha ha tenido victorias contundentes, pero la batalla aún continúa.

Uno no solo aspira a una nación equitativa, educada, saludable y con alta calidad de vida, sino que aspira a preservar esos logros. El sistema que propone Sanders no puede ser la meta final si no queremos que esos logros estén bajo amenaza constante. Para que dichos logros sean duraderos, tendríamos que movernos a un sistema basado en planificación democrática, donde las grandes empresas pierdan los privilegios políticos y económicos que poseen hoy, incluso en el modelo nórdico. Sin embargo, esto no cancela la posibilidad de que el modelo que propone Sanders sea un primer paso en esa dirección. Una nueva economía completamente planificada democráticamente no se podrá construir de un soplo. Incluso teniendo la planificación democrática como meta final, es muy probable que los primeros pasos en esa dirección coincidan mucho con las propuestas de Sanders y lo que hoy día existe en los países nórdicos. Entonces, el diálogo que debemos tener, más allá de si Sanders o los países nórdicos son, o no son, socialistas, debe ser en torno a si sus propuestas encajan o no con nuestras aspiraciones, o nuestros objetivos, de corto, mediano, y largo plazo. En otras palabras, el reto es desarrollar una práctica política que evite por un lado, una visión miope que sólo enfatiza las reformas posibles y “realistas” en lo inmediato, y por otro lado que evite una visión hipermétrope, tan enfocada en llegar de forma pura a la meta final que no permite un actuar político en el presente que realmente abone a la transformación social. Evitar ambos problemas de visión será la clave.

 

* El autor es profesor de economía en la Universidad de Puerto Rico-Mayagüez y economista miembro de la Asociación Puertorriqueña de Economía Política (economiapoliticapr.org).

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