Asociación Puertorriqueña de Economía Política

Una respuesta a Paul Krugman sobre el caso de Puerto Rico

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Por Ricardo R. Fuentes Ramírez*

El premio nobel en economía, Paul Krugman, recientemente discutió el caso de Puerto Rico en su columna en The New York Times. En general, su pieza menciona puntos claves que políticos y economistas locales siguen ignorando: 1) la crisis fiscal de Puerto Rico está entrelazada con su depresión económica, 2) el gobierno postergó el problema con préstamos, en vez de ir a la raíz del mismo, 3) la baja tasa de participación laboral de Puerto Rico no es necesariamente el resultado de ayudas sociales del gobierno federal, 4) la situación se ve agravada por las leyes de cabotaje, 5) demasiada austeridad puede ser contraproducente, y 6) sería una idea terrible darle a los bonistas lo que quieren (destruir el sistema educativo de la isla en nombre de la responsabilidad fiscal). Sin embargo, el análisis de Krugman tiene problemas sutiles, pero con grandes implicaciones políticas.

En primer lugar, la idea de que la isla estaba relativamente bien como un centro de manufactura durante el periodo “936” no es necesariamente cierta. PIB per cápita creció, pero el hecho de que la mayoría de las ganancias son repatriadas a los EE.UU., provocó que el crecimiento del Ingreso Nacional Per Cápita fuese mucho menos impresionante. Por otra parte, la pobreza y la desigualdad se han mantenido históricamente altas, incluso durante el periodo “936.” Los estudios sobre los eslabonamientos entre el capital estadounidense y la economía puertorriqueña sugieren que esta última se benefició relativamente poco de este periodo. En segundo lugar, la idea de que Puerto Rico esta “en el lugar equivocado en el momento equivocado” es una palmadita en la espalda para el gobierno, ya que sugiere que había poco que en realidad podían hacer. Por el contrario, los economistas dentro y fuera de Puerto Rico han argumentado por décadas a favor de estrategias alternativas de desarrollo que tengan en cuenta las nuevas condiciones de la economía mundial. El problema no fue que el gobierno tardó en ajustar, como Krugman sugiere. El problema fue que el gobierno no se ajusto en lo absoluto.

En tercer lugar, la idea de que la situación colonial de Puerto Rico es de alguna manera una bendición, donde la única desventaja es un alto salario mínimo, está particularmente fuera de lugar. La historia económica de Puerto Rico desde la invasión estadounidense en 1898 es una historia de obstáculos económicos enviados a la colonia desde la metrópoli (ver por el ejemplo el clásico “Historia Económica de Puerto Rico” de James Dietz). Una vez más, debemos evitar minimizar el rol del gobierno de Puerto Rico en la crisis; pero también se debe hacer hincapié en el papel de los EE.UU. Si bien es cierto que los puertorriqueños/as más pobres se benefician de la red de asistencia social del gobierno federal, esto no anula el papel del gobierno de EE.UU. en la crisis histórica, política y económica del colonialismo en Puerto Rico. Finalmente, Puerto Rico es mucho más que un colectivo de ciudadanos estadounidenses que por casualidad viven en una isla caribeña, y que pueden ser simplemente transferidos a los EE.UU. contiguos si la isla no está funcionando, como Krugman sugiere. Puerto Rico es un colectivo de comunidades con un vínculo histórico, geográfico y económico a esta isla en particular. “Empaca y vete de tu casa” no puede ser la recomendación de política pública.

La recomendación de política pública sí es gobierno grande, como Krugman sugiere, pero un tipo particular de gobierno grande. Puerto Rico necesita un gobierno que desarrolle una política industrial, un estado de desarrollo, una estrategia de crecimiento con equidad, etc. En otras palabras, Puerto Rico necesita un gobierno centrado en el crecimiento sostenible y el desarrollo. En este sentido, el principal problema económico de Puerto Rico es un problema político: los dos partidos tradicionales (el PNP y PPD) son evidentemente incapaces de construir un gobierno así. Para aquellos de nosotros y nosotras que queremos quedarnos y arreglar la economía de Puerto Rico, el primer paso podría ser votar diferente.

*El autor es profesor de Economía en la Universidad de Puerto Rico-Mayagüez y economista miembro de la Liga de Economía Política de Puerto Rico (economiapoliticapr.org).

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