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Utopías que nos ponen a caminar: Teoría económica y Praxis Política

Por Ricardo R Fuentes Ramirez

La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para que sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar. -Eduardo Galeano

A pesar de que el adjetivo “utópico” se tiende a utilizar peyorativamente para referirse a ciertos sectores de la izquierda, en la teoría económica, tanto la derecha como la izquierda se mueven por concepciones utópicas.

La utopía económica de izquierda consiste de un mundo donde la economía nos pertenece a todos y todas, y en lugar de guiarla según el ánimo de lucro de unos pocos, la guiamos con la democracia participativa. La utopía de derecha es quizás un poco más curiosa. Para la derecha, la utopía se conoce como “competencia perfecta.” Es un mundo donde predomina la propiedad privada. Los recursos económicos están mayormente en manos de empresas, que los usan para maximizar ganancias. Varias características de la “competencia perfecta” nos llevarán a un punto socialmente ideal, según estos economistas derechistas. En la competencia perfecta, existe información perfecta. Todos los consumidores y todas las empresas tienen literalmente toda la información posible y relevante, en todo momento. Además, no existe tal cosa como poder de mercado. Es decir, en la competencia perfecta hay un número tan grande de empresas, que ninguna empresa puede controlar ningún aspecto del mercado. Cualquier empresario puede entrar o salir en cualquier momento de cualquier industria, sin ningún tipo de barrera u obstáculo. En esta competencia perfecta, no existirían monopolios ni oligopolios. Lo curioso es que la tendencia histórica del capitalismo ha sido precisamente hacia cada vez más poder monopólico y oligopólico. El capitalismo se mueve en dirección opuesta a su versión utópica.

Hay una tercera utopía que se discute mucho menos; porque es la que mejor logra disfrazarse de “realista.” Me refiero a la utopía que mueve a los “de centro.” Ésta es la utopía socialdemócrata que piensa que el capitalismo se puede regular, humanizar, o guiar indefinidamente. Es la utopía de la rana, que pensaba que el escorpión no la iba a picar en medio del río. No está en la naturaleza del capital dejarse controlar, regular, o guiar. Siempre utilizará todas las herramientas a su alcance para que le permitan andar libremente. La historia parece confirmar que el capitalismo regulado, o la socialdemocracia, es un punto inestable que tarde o temprano recae en capitalismo neoliberal. Tras la caída del Bloque Soviético, hasta las que aparentaban ser las socialdemocracias más sólidas, poco a poco parecen derrumbarse.

La pregunta que nos toca es la siguiente: ¿cuál de estas tres utopías nos pone a caminar? La historia también ha confirmado que la utopía de derecha, y su manifestación política contemporánea (el neoliberalismo), solo nos lleva a desastre. Definitivamente, no nos pone a caminar. Pero, ¿y la utopía de centro? ¿Acaso no nos tiene resbalando en un vaivén histórico entre capitalismo regulado y capitalismo neoliberal? ¿Se puede decir que la utopía socialdemócrata nos pone a caminar? A riesgo de parecer utópico, afirmo que la única utopía que nos pone a caminar es la de izquierda. No se trata de derrumbar el capitalismo de un soplo y mañana mismo levantar el comunismo. El mismo Marx le aclaraba a sus compañeros y compañeras alemanes, en su famosa Crítica del Programa de Gotha, que la transición al comunismo tomaría varias etapas; no sería de la noche a la mañana. Será a una transición larga, llena de retos y contradicciones. Como plantea el sociólogo estadounidense Erik Olin Wright, no se trata de teorizar, y teorizar, hasta tener un mapa para la ruta. Se trata, mínimamente, de tener en nuestro arsenal una brújula socialista, y ponernos a caminar.

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