Asociación Puertorriqueña de Economía Política

Financiando el Desarrollo Nacional: ¿A quién y para qué cobramos impuestos?

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Por Ricardo R Fuentes Ramirez

La crisis fiscal es un hecho. Por tanto, nos toca delinear cómo vamos a recaudar los fondos necesarios para poner al país en marcha nuevamente. Lamentablemente, las recetas a las que nuestro gobierno recurre consistentemente ponen la carga de la crisis fiscal sobre la clase trabajadora. Este tipo de medida neoliberal solo profundizará la crisis económica, y por tanto la crisis fiscal. En adición, se ha comprobado alrededor del mundo que la austeridad y las demás recetas neoliberales no dan los resultados que prometen. Entonces, ¿qué hacemos? Un primer paso es ver qué ocurre con la riqueza que se crea en nuestro país. El concepto del “excedente económico,” desarrollado por el economista estadounidense Paul Baran en el contexto de las teorías de desarrollo, resulta sumamente útil para este ejercicio. El concepto se refiere a lo que queda del total de las riquezas de una sociedad si le restamos la cantidad necesaria para que todos sus miembros sobrevivan con un nivel de vida básico (lo que el economista llama “consumo esencial”). Entonces, ese “excedente” es un tipo de fondo discrecional que la sociedad utiliza con varios fines. Lo que distingue distintas sociedades es quién controla su excedente, y para qué lo utiliza.

Podemos identificar dos fines principales para los que se puede utilizar el excedente económico: para el consumo o para la inversión. Para los países en vías de desarrollo, una de las tareas principales es precisamente que los fondos disponibles se inviertan en la economía. Además, no basta con que se inviertan, sino que se deben invertir en industrias que contribuyan al desarrollo económico de la nación. Otro elemento que ha sido clave en países que han logrado desarrollarse sustancialmente ha sido tener una política industrial clara que identifique las industrias que se deben, o no se deben, apoyar. En otras palabras, identificar quién controla, y cómo utiliza, nuestro excedente económico es un punto de partida fundamental.

Usando la operacionalización de otro economista estadounidense, Victor Lippit1, las cuentas nacionales publicadas por la Junta de Planificación, y las líneas de pobreza de la Oficina del Censo como proxy para consumo esencial, encontramos lo siguiente. Primeramente, una cantidad enorme de nuestro excedente se escapa de nuestro país hacia EEUU (alrededor del 48% en 2013 según las cifras oficiales). Esto no nos sorprende, ya que varios sectores del país han enfatizado por años que el capital estadounidense se lleva de nuestra isla alrededor de $35 mil millones al año. Por otro lado, a pesar de que lo que se extrae es sin duda alguna una cantidad enorme, se debe destacar que la mayoría de nuestro excedente se queda dentro de la isla. En adición, se debe tomar en cuenta que muchas compañías estadounidenses reportan producción en Puerto Rico para evitar pagar impuestos en donde realmente se produjo, lo que se conoce como “income shifting through transfer pricing.” Algunos estimados apuntan a que lo que realmente se produce en Puerto Rico es solo un 45% de lo que se reporta2. Es decir, lo que en realidad se extrae a EEUU podría acercarse más a $15 mil millones (según los datos del 2013). En este caso, lo que se extrae de nuestro excedente hacia EEUU se acerca a un 29% del mismo. Sin duda alguna, si este dinero se quedara en nuestra economía tendríamos condiciones superiores para nuestro desarrollo, pero hay que enfatizar que la mayoría de las riquezas que creamos se quedan en la isla. Del total de nuestro excedente económico, permanecen dentro de nuestra economía cerca de $38 mil millones anuales (según los datos del 2013). Esto nos lleva a concluir que uno de los problemas mayores de nuestra economía es cómo lo hemos utilizado internamente. Si desglosamos nuestro Producto Nacional Bruto por sector industrial, tenemos una buena idea de cómo se utiliza el excedente económico que permanece dentro de Puerto Rico. El modelo de desarrollo del ELA no solo destruyó nuestra agricultura, sino también nuestra manufactura local. Lo que ha proliferado es capital comercial y financiero, que crea pocos empleos y además no crea riquezas (solo la hace cambiar de manos). Esto refleja lo que varios autores ya han destacado,3 que nuestra burguesía criolla es una burguesía intermediaria o dependiente (una “lumpenburguesía” o “burguesía compradora” según los teóricos de la dependencia). En otras palabras, contamos con una burguesía con poco interés en participar de un proyecto de desarrollo nacional, que por definición tiene que incluir proteger nuestro mercado interno de la competencia extranjera.

Finalmente, se debe subrayar la desigualdad económica que predomina en nuestro país. Según los datos de la Oficina del Censo,4 en el 2010 Puerto Rico obtuvo un Coeficiente GINI significativamente alto de 0.537; es decir, el más alto dentro de EEUU. Además, nos coloca como una de las naciones más desiguales del mundo, y entre las 10 más desiguales de toda América Latina. La conclusión es clara: en Puerto Rico hay riqueza. El problema es que está concentrada entre los puertorriqueños más ricos, y en sectores que no promueven el desarrollo. La tarea entonces es promover una reforma contributiva que transfiera riquezas de estos individuos y sectores hacia el Estado. Debemos enfocarnos en impuestos sobre bienes de lujo, así como en otros impuestos enfocados en los individuos que radican planillas en un nivel de ingreso superior a $200,000 anuales. Similarmente, debemos establecer impuestos específicos para los medianos y grandes negocios locales en sectores como comercio, finanzas, seguros y bienes raíces. Una vez transferida esta riqueza al Estado, urge la elaboración de una política industrial en donde el Estado juegue un rol central en el desarrollo.5 La historia nos ha demostrado que nuestra burguesía local tiene poco interés en salir de su cómoda posición como burguesía intermediaria. Le toca al gobierno tomar las riendas de la economía. Lamentablemente, los partidos tradicionales tienen poco interés en quitarle las riendas al capital estadounidense y la burguesía criolla. Quizás el primer paso para cambiar nuestro futuro económico es uno político; específicamente, no seguir dándole el voto al monstruo de dos cabezas (PNP-PPD).

*El autor es candidato a Phd en Economía de la Universidad de Massachusetts, Amherst

Notas:

1. “Excedente económico = Ingreso Nacional – Consumo Esencial”. Ver Lippit, V. D. (1985). The concept of the surplus in economic development. Review of Radical Political Economics, 17(1-2), 1-19.

2.Collins, S. M., Bosworth, B., & Soto-Class, M. A. (Eds.). (2006, p.28). The Economy of Puerto Rico: Restoring Growth. Brookings Institution Press.

3.Ver por ejemplo Ayala, C. J., & Bernabe, R. (2007, p.270). Puerto Rico in the American Century: A History Since 1898. Univ of North Carolina Press.

4. U.S. Census Bureau. 2011. Household Income for States: 2009 and 2010. American Community Survey Briefs. Retrieved from <http://www.census.gov/prod/2011pubs/acsbr10-02.pdf&gt;.

5. Podemos partir de la política industrial de países como Taiwan. Ver Fuentes-Ramírez (2014), “El modelo de desarrollo del este asiático y sus implicaciones para Puerto Rico.” 80grados.com

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