¿Es posible el Desarrollo Económico de Puerto Rico luego del Huracán María?

Por Ricardo R. Fuentes-Ramírez

Demás está decir que el paso del Huracán María representó un golpe sustancial a nuestra ya débil economía. Puerto Rico se encontraba en un periodo de estancamiento secular desde el 2006. En otras palabras, no se trata de una caída pasajera en la actividad económica, sino de un colapso de nuestro modelo económico acompañado de niveles históricos de desempleo, pobreza y desigualdad. En este contexto, el huracán representa la profundización de esta crisis socioeconómica. Los estimados de daños preliminares fluctúan entre $17,000 millones y $90,000 millones de dólares; y aún la mayoría de las personas y negocios no tienen servicio de agua, energía eléctrica o telecomunicaciones. El huracán además ha provocado una ola migratoria hacia los Estados Unidos, lo que reducirá la base contributiva y como resultado, los recaudos del gobierno. Muchas empresas foráneas en la isla están contemplando abandonar sus operaciones debido al costo de repararlas, lo que representaría un golpe adicional en el área de empleo.

 

Por un lado, el gobierno puertorriqueño cabildea por recibir la mayor cantidad posible de ayudas del gobierno estadounidenses. Por otro lado, para muchos en la sociedad civil puertorriqueña, las ayudas que se esperan no serán suficientes. Debemos reclamar que Estados Unidos reconozca su responsabilidad en esta crisis humanitaria. El limbo colonial al que han sometido a Puerto Rico por más de un siglo es una de las causas de la crisis económica, y por tanto de la vulnerabilidad de nuestra infraestructura previo al paso del huracán. El Congreso de EEUU debe proveer fondos para la reconstrucción de Puerto Rico, y también debe legislar para eliminar la deuda pública de la isla. La deuda en sí era insostenible y para muchos ilegítima; como también ha planteado el Partido del Pueblo Trabajador, exigir que se pague en este contexto sería sencillamente un acto criminal.

 

Previo al paso del huracán, Puerto Rico se encontraba implementando medidas de austeridad y privatización, mientras se ponía como prioridad pagar la deuda pública. Esta es la política que se viene implementando, aunque con diferentes grados de intensidad en diferentes periodos, desde que comenzó la crisis en 2006. Esta política de austeridad se profundizó aún más cuando el gobierno estadounidense impuso sobre la isla la actual Junta de Control Fiscal en 2016. La mayoría de los economistas en la isla coinciden en que estas medidas lo que han hecho es aumentar la desigualdad y los ingresos de una pequeña elite, mientras se profundiza la crisis. De continuar con estas medidas, llevarían a la total devastación económica de la isla. En términos generales, el huracán no ha cambiado los fundamentos de ese panorama, simplemente ha agravado el sufrimiento humano que estas medidas ocasionarán.

Como dice el titular del buen artículo sobre Puerto Rico en la revista estadounidense Jacobin, esto es un desastre no-tan natural. La otra posibilidad es que la sociedad civil puertorriqueña, con ayuda de la presión internacional, logre que EEUU asuma la responsabilidad compartida de la crisis, asigne los fondos para la reconstrucción, cancele la deuda, y que tanto el gobierno federal como el local abandonen la peligrosa y desacreditada receta de austeridad y privatización. En este contexto, sí es posible el desarrollo económico de Puerto Rico. El peor peligro es que no construyamos un nuevo país, sino que reconstruyamos el mismo, con menor densidad poblacional. Construyamos un país donde predomine la democracia, la participación obrera y ciudadana, la economía solidaria y la equidad.

 

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Economía Ecológica para Puerto Rico

Por: Heriberto Martínez Otero, JD, MA

    La “Economía Ecológica” es una rama de la economía heterodoxa, la cual ha ganado popularidad en los debates a nivel global debido a su capacidad de integrar herramientas metodológicas de las ciencias naturales para explicar fenómenos de las ciencias económicas. Ideas como el “calentamiento global”, el “decrecimiento”, y la aplicación del “principio de termodinámica”, son algunas de las incorporaciones con las cuales se busca expandir el marco explicativo de la economía.  El concepto fue desarrollado en los 70 a raíz de la búsqueda de alternativas a un modelo económico global que en aquel entonces se encontraba dominado por la crisis del petróleo (1974), las discusiones sobre energía nuclear, y la amenaza permanente del conflicto nuclear a gran escala. En la década de los 80, la economía neoliberal ganó terreno en la academia occidental y en los creadores de política pública, relegando la “economía ecológica” a la marginalidad intelectual y práctica. El fin de la Guerra Fría a principios de los 90, otorgó hegemonía al pensamiento neoliberal, provocando que las escuelas de pensamiento heterodoxo pasaran a un nivel secundario en los debates teóricos sobre la economía del nuevo milenio. Durante este período, la “economía ecológica” mantuvo su análisis y activismo en occidente a través de proyectos ecologistas y ambientalistas (partidos verdes, Green Peace, Amigos del MAR) que tenían presencia en los países del primer mundo. En el 2006, con la presentación del documental “An Inconvenient Truth”, el tema del calentamiento global y sus causas en la actividad humana lograron auge global. De ahí en adelante, la idea de que la actividad económica capitalista y sus externalidades pudieran estar cambiando el clima del Planeta Tierra se convirtió en un debate central a nivel internacional, a pesar de que los economistas ecológicos llevaban décadas manejando esa hipótesis. Luego del paso del huracán María, es momento de presentar este debate en Puerto Rico.

    La “economía ecológica” representa una ruptura epistemológica con el pensamiento económico tradicional debido a que parte de la premisa de que “si los recursos naturales son finitos”, el crecimiento económico también tiene un límite. Esto significa que, a diferencia del pensamiento liberal, keynesiano y marxista, el crecimiento económico tiene un límite el cual está dado por los ecosistemas en nuestro planeta. La “economía ecológica” entiende que la economía es un subconjunto de los ecosistemas, mientras que en el resto de las escuelas de pensamiento económico, los ecosistemas son un subconjunto de la economía (tierra como factor de producción). Otra diferencia importante es en el tema de las “externalidades” y el crecimiento económico. Un ejemplo para entenderlo sería el de una incineradora de basura para generar energía. Dentro del análisis de la economía tradicional, una incineradora que pueda convertir la basura en energía es positivo debido a que recoge un mal (basura) y lo convierte en un bien (energía), por lo que todos nos beneficiamos del proceso. Sin embargo, un economista ecológico observaría que la basura quemada genera gases los cuales son respirados por la ciudadanía, provocando enfermedades. El costo social y económico de las enfermedades y la contaminación resultante de la quema de la basura lo tiene que absorber la ciudadanía. Por lo tanto, el proceso de quema de basura provoca tantos males que termina demostrando que la actividad económica de la incineradora genera “decrecimiento” y subdesarrollo en lugar de crecimiento y desarrollo.

    En Puerto Rico, el tema de “economía ecológica” ha sido trabajado de forma consistente en la Universidad de Puerto Rico por el Profesor Joseph Vogel, y de forma esporádica por economistas miembros de la Asociación Puertorriqueña de Economía Política. Algunos temas de actualidad que tienen que mirarse a través del crisol de esta escuela de pensamiento son: el rescate de las costas, la planificación urbana, la agroindustria, energías renovables, impuestos verdes (pollution tax), el acceso a la ciudad, contaminación lumínica, y contaminación auditiva, entre otros.

Muchos de los estragos causados por el Huracán María, tienen su causa principal en la mala planificación de los espacios urbanos y suburbanos en nuestro País. La cantidad de residencias ubicadas en zonas inundables, en la zona marítimo-terrestre, y en esquinas montañosas, provocaron que el impacto del temporal fuera más desastroso de lo esperado. La aportación más importante que pueden hacer los economistas puertorriqueños en esta etapa es reconocer que la actividad económica humana tuvo una responsabilidad indiscutible en los destrozos provocados por el huracán; y exigir que los creadores de política pública sean más rigurosos con los temas ecológicos y ambientales al momento de establecer los “planes” o proyectos de política económica para el mediano y largo plazo. El calentamiento global es un fenómeno real, el cual va a continuar promoviendo fenómenos atmosféricos extremos en el corto plazo. Los huracanes simultáneos que superen las 100 mph parecen convertirse en un nuevo normal para la región del Caribe. Si no adaptamos nuestra economía a este nuevo normal, los estragos serán tan comunes como las olas de calor que sufrimos continuamente en este nuevo milenio.

A un año de la Junta de Control Fiscal

Varios miembros de la Asociación Puertorriqueña de Economía Política fueron entrevistados por el semanario Claridad.

http://www.claridadpuertorico.com/content.html?news=385C4821BF96FEDE0C2732C26DAA6920

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