Economía Ecológica para Puerto Rico

Por: Heriberto Martínez Otero, JD, MA

    La “Economía Ecológica” es una rama de la economía heterodoxa, la cual ha ganado popularidad en los debates a nivel global debido a su capacidad de integrar herramientas metodológicas de las ciencias naturales para explicar fenómenos de las ciencias económicas. Ideas como el “calentamiento global”, el “decrecimiento”, y la aplicación del “principio de termodinámica”, son algunas de las incorporaciones con las cuales se busca expandir el marco explicativo de la economía.  El concepto fue desarrollado en los 70 a raíz de la búsqueda de alternativas a un modelo económico global que en aquel entonces se encontraba dominado por la crisis del petróleo (1974), las discusiones sobre energía nuclear, y la amenaza permanente del conflicto nuclear a gran escala. En la década de los 80, la economía neoliberal ganó terreno en la academia occidental y en los creadores de política pública, relegando la “economía ecológica” a la marginalidad intelectual y práctica. El fin de la Guerra Fría a principios de los 90, otorgó hegemonía al pensamiento neoliberal, provocando que las escuelas de pensamiento heterodoxo pasaran a un nivel secundario en los debates teóricos sobre la economía del nuevo milenio. Durante este período, la “economía ecológica” mantuvo su análisis y activismo en occidente a través de proyectos ecologistas y ambientalistas (partidos verdes, Green Peace, Amigos del MAR) que tenían presencia en los países del primer mundo. En el 2006, con la presentación del documental “An Inconvenient Truth”, el tema del calentamiento global y sus causas en la actividad humana lograron auge global. De ahí en adelante, la idea de que la actividad económica capitalista y sus externalidades pudieran estar cambiando el clima del Planeta Tierra se convirtió en un debate central a nivel internacional, a pesar de que los economistas ecológicos llevaban décadas manejando esa hipótesis. Luego del paso del huracán María, es momento de presentar este debate en Puerto Rico.

    La “economía ecológica” representa una ruptura epistemológica con el pensamiento económico tradicional debido a que parte de la premisa de que “si los recursos naturales son finitos”, el crecimiento económico también tiene un límite. Esto significa que, a diferencia del pensamiento liberal, keynesiano y marxista, el crecimiento económico tiene un límite el cual está dado por los ecosistemas en nuestro planeta. La “economía ecológica” entiende que la economía es un subconjunto de los ecosistemas, mientras que en el resto de las escuelas de pensamiento económico, los ecosistemas son un subconjunto de la economía (tierra como factor de producción). Otra diferencia importante es en el tema de las “externalidades” y el crecimiento económico. Un ejemplo para entenderlo sería el de una incineradora de basura para generar energía. Dentro del análisis de la economía tradicional, una incineradora que pueda convertir la basura en energía es positivo debido a que recoge un mal (basura) y lo convierte en un bien (energía), por lo que todos nos beneficiamos del proceso. Sin embargo, un economista ecológico observaría que la basura quemada genera gases los cuales son respirados por la ciudadanía, provocando enfermedades. El costo social y económico de las enfermedades y la contaminación resultante de la quema de la basura lo tiene que absorber la ciudadanía. Por lo tanto, el proceso de quema de basura provoca tantos males que termina demostrando que la actividad económica de la incineradora genera “decrecimiento” y subdesarrollo en lugar de crecimiento y desarrollo.

    En Puerto Rico, el tema de “economía ecológica” ha sido trabajado de forma consistente en la Universidad de Puerto Rico por el Profesor Joseph Vogel, y de forma esporádica por economistas miembros de la Asociación Puertorriqueña de Economía Política. Algunos temas de actualidad que tienen que mirarse a través del crisol de esta escuela de pensamiento son: el rescate de las costas, la planificación urbana, la agroindustria, energías renovables, impuestos verdes (pollution tax), el acceso a la ciudad, contaminación lumínica, y contaminación auditiva, entre otros.

Muchos de los estragos causados por el Huracán María, tienen su causa principal en la mala planificación de los espacios urbanos y suburbanos en nuestro País. La cantidad de residencias ubicadas en zonas inundables, en la zona marítimo-terrestre, y en esquinas montañosas, provocaron que el impacto del temporal fuera más desastroso de lo esperado. La aportación más importante que pueden hacer los economistas puertorriqueños en esta etapa es reconocer que la actividad económica humana tuvo una responsabilidad indiscutible en los destrozos provocados por el huracán; y exigir que los creadores de política pública sean más rigurosos con los temas ecológicos y ambientales al momento de establecer los “planes” o proyectos de política económica para el mediano y largo plazo. El calentamiento global es un fenómeno real, el cual va a continuar promoviendo fenómenos atmosféricos extremos en el corto plazo. Los huracanes simultáneos que superen las 100 mph parecen convertirse en un nuevo normal para la región del Caribe. Si no adaptamos nuestra economía a este nuevo normal, los estragos serán tan comunes como las olas de calor que sufrimos continuamente en este nuevo milenio.

Anuncios

A un año de la Junta de Control Fiscal

Varios miembros de la Asociación Puertorriqueña de Economía Política fueron entrevistados por el semanario Claridad.

http://www.claridadpuertorico.com/content.html?news=385C4821BF96FEDE0C2732C26DAA6920

150 años de El Capital y la Economía en Puerto Rico

Autor: Ian J. Seda-Irizarry

Este mes de septiembre se cumple siglo y medio de la publicación de la primera edición del primer volumen de una obra que sigue iluminando los giros, tanto exitosos como catastróficos, del sistema capitalista global. Ese libro de 1867, El Capital, fue producto, entre otras cosas, de largos años de estudios exhaustivos y de grandes sacrificios personales. Su autor, Karl Marx (1818-1883), creció en un mundo que tenía muy fresca la memoria de la Revolución Francesa, y sus contribuciones marcaron época y daban continuidad a la encomienda de pensadores como Galileo Galilei, al querer problematizar y desmitificar el entendimiento prevaleciente que había de cómo operaba la realidad.

La crítica desarrollada por Marx en ese libro mostraba cómo instituciones como el dinero, la división del trabajo, el trabajo asalariado, la propiedad privada y el mercado ocultaban la procedencia de la ganancia capitalista, i.e.estaba basada en la explotación de los trabajadores. Ese develar de lo que está oculto fue un principio que corrió todo su trabajo, culminando en su análisis del capital que rinde interés como el “más perfecto de los fetiches” (apariencia de dinero que produce dinero) en el volumen 3 de esa obra, publicado póstumamente en 1894.

Años antes Marx había analizado las relaciones de dependencia y desigualdad entre trabajadores y propietarios vía su análisis del trabajo enajenado. En su obra magna iría más allá al proveer los elementos para comprender algunas de las tendencias de un sistema que, aparte de las virtudes que muchos le puedan encontrar, tiene como resultados (si se nos permite la simplificación) que haya hambre y que sobre pan, y que personas sin techo observen al otro lado de la calle casas vacías, Estos y otros acontecimientos apuntaban a la irracionalidad de un sistema cuyo criterio de operación era la ganancia, aún cuando se sacrificara al creador de la misma.

Hay algunos puntos importantes de encuentro entre la obra de Marx y la disciplina económica moderna. Por ejemplo, está el fenómeno de incertidumbre que promulgaba Keynes, el análisis de fragilidad financiera de Minsky, y la noción de “destrucción creativa” de Schumpeter. En un nivel más criollo y empírico, el análisis de Marx sobre la estructura de clases, las fuentes de ingreso y la tendencia a la concentración de riqueza parece ser útil. En Puerto Rico, entre el 2006 y el 2016 el ingreso a base de propiedad (ganancias, intereses) aumentó en un 59% mientras que el ingreso a base de compensaciones a empleados disminuyó en un 3.9%. O para captar este fenómeno de otra manera, en el 2006 el ingreso total a base de propiedad equivalía al 56% del total de las compensaciones a empleados, mientras que en el 2016 esa cifra aumentó al 92%.

Estos y otros resultados sugieren que hay grupos locales que se han beneficiado de la crisis actual por la que pasa la isla y es plausible pensar que están interesados en mantener el arreglo socioeconómico actual. Sin embargo esta temática ha estado prácticamente ausente en el debate diario. Aún así hay indicios de cambio.

El pasado viernes en la asamblea anual de la Asociación de Economistas de Puerto Rico el Dr. Gustavo Bobonis discutió el “estado clientelar” y señaló que “los economistas históricamente [han] prestado poca atención a entender el funcionamiento interno del Estado y los roles de sus funcionarios.” El paso próximo, y reconocido por el colega, es ver quienes están ocultos detrás de esos funcionarios. En el caso nuestro muchas de las claves las provee la lógica del modelo económico de proveer incentivos contributivos, que siguen socializando los costos y privatizando los beneficios. Visto de esta manera, el resolver el estatus es una condición necesaria pero no suficiente para resolver los problemas de las víctimas de la crisis. Hay relaciones de poder internas ocultas, relacionadas a la estructura de clase del país y el modelo económico que pueden perdurar bajo distintas formas de estatus. Puerto Rico es una colonia, pero estamos seguro que el viejo Marx añadiría que es una colonia CAPITALISTA.

 

Estadísticas del blog

  • 14,342 hits

Follow me on Twitter

Follow Asociación Puertorriqueña de Economía Política on WordPress.com